Es difícil pensar en aquella niñita convertida en una mujer.
Debe ser porque fui mamá joven, a los 20 años; a mí me cuesta pensarme sin mi hijo Nicolás. No es que haya cambiado radicalmente mi vida, pero todo lo que hago es pensando en que tengo un hijo.
¿Llegó a su debido tiempo?
Todo llega cuando tiene que hacerlo; porque, tal vez, you can handle it, o al contrario, porque no puedes manejarlas, y tienes que ver qué haces.
¿Plutarco y tú nunca pensaron en emigrar a Hollywood?
No sé si estoy dispuesta a empezar de nuevo, precisamente por Nicolás. Él me cambió la perspectiva; ya no estoy tan dispuesta a que me rechacen y a humillarme de nuevo; no, la verdad ya no. Es cuestión de prioridad: irme significaría sacrificar muchas cosas, como la estabilidad de Nicolás aquí. Sería muy egoísta pensar sólo en mí; mi tiempo y mi responsabilidad con mi hijo son más trascendentes.
¿Cómo manejas el hecho de que tú o su papá estén en las revistas de chismes de farándula?
Así lo hablo con él; es un niño pero entiende las cosas. Siempre le digo: “Nicolás, hay muchas revistas que publican chismes que no son ciertos. No hagas caso a todo y pregúntame porque yo siempre voy a decirte la verdad. No te quedes con la duda, no creas a ciegas”. Se trata de darle una base estable que le dé seguridad en sí mismo y confianza en mí.
¿Parte de esa base tiene que ver con sus raíces en Polonia?
Su papá es mexicano y es un tema complejo. Nicolás entiende polaco, pero nunca lo ha querido hablar. Ha viajado conmigo a Polonia, y aunque ni yo ni mi familia hemos insistido, espero que cuando crezca tenga la curiosidad de conocer más de esa tierra y aprender más del idioma.






















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